Por Claudia Castro*
¿Cómo se construye una escuela capaz de garantizar el derecho a la educación en contextos cada vez más complejos? Esta fue, quizás, la pregunta que atravesó el conversatorio realizado en el marco de la asignatura Instituciones, Comunidad y Contexto Local. Lejos de una conferencia tradicional, fueron las inquietudes de los estudiantes, construidas a partir del análisis de sus propias instituciones, las que marcaron el rumbo del encuentro.
Fragmentación institucional, ausentismo, continuidad de las trayectorias y trabajo colectivo fueron algunos de los desafíos que llegaron a la conversación. Frente a ellos, Norma no propuso recetas ni respuestas únicas. Cada pregunta fue una invitación a mirar más allá del problema visible y a comprender la singularidad de cada escuela.
Uno de los momentos más significativos surgió al pensar cómo sostener el derecho de los estudiantes a aprender sin desconocer los derechos laborales de quienes enseñan. “Estamos hablando de proteger ambos derechos”, sostuvo Norma, permitiendo correr la
mirada de una aparente confrontación para pensar en lo que sí es posible construir en comunidad: acuerdos, planificación compartida y decisiones institucionales que permitan acompañar las trayectorias estudiantiles desde una responsabilidad común.
Esa responsabilidad común permitió reflexionar sobre las transformaciones de la escuela secundaria, situando la implementación de Secundaria Aprende como parte de un proceso más amplio, construido a lo largo del tiempo y que hoy se orienta a reconocer trayectorias diversas, fortalecer el trabajo entre docentes y revisar las formas de enseñar y evaluar. En ese camino, sostuvo que “la norma tracciona”, pero también recordó que ninguna transformación sucede solo porque una resolución la establezca: son las comunidades educativas las que le dan sentido en la realidad cotidiana de cada escuela.
Norma Mantiñán volvió a la Universidad como egresada de la misma Licenciatura, esta vez para compartir un recorrido enriquecido por años de experiencia profesional y formación académica, poniendo en valor, para quienes hoy transitamos la Universidad, la importancia de reconocernos, a través de nuestras propias trayectorias, como parte de la “comunidad viva” que es el sistema educativo.
Quizás allí estuvo la mayor riqueza del conversatorio: en ese ida y vuelta entre quienes hoy nos estamos formando y quien regresó para compartir lo aprendido en el camino. Una experiencia que permitió volver a mirar las escuelas, sus desafíos y sus posibilidades, comprendiendo que gestionar también implica aprender a abrir la mirada y construir junto a otros.
Es posible transformar la gestión si volvemos, aunque sea por un ratito, a ese lugar que nos forma, al oficio de ser alumnos, porque gestionar una escuela también requiere conservar algo de esa mirada: la capacidad de habitarla desde otros lugares, ampliar nuestras preguntas y comprender que toda decisión adquiere sentido en la experiencia de quienes la transitan. El regreso de Norma al aula permitió reconocer que, aun después de años de experiencia, seguimos aprendiendo a mirar la escuela al habitarla desde distintos roles.
*Claudia Castro es estudiante de la Licenciatura en Gestión de Instituciones Educativas.
Teniente General Juan Domingo Perón 802
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina